¿Cómo funciona Internet?

Toda forma de comunicación requiere energía y un medio físico para poder suceder (Almodóvar y Ramírez, 2013). La mayor parte de guías didácticas sobre Internet explican cómo usar el servicio, la herramienta, Internet (Bartolomé, 2004); pero no explican la base material y energética que hay detrás de esta red. En este apartado se pretende comprender la dimensión tangible de la red de redes, de forma aproximativa.

Para acceder a Internet, no solo hay que disponer de un ordenador, un teléfono u otro dispositivo, sino que hacen falta bastas infraestructuras a nivel intercontinental para conectarse a la red:

Cuando accedemos a la red desde casa, el recorrido típico de la señal que contiene los distintos paquetes de información generados por el protocolo TCP/IP, va desde nuestro ordenador al punto de acceso del edificio (el RITI), y desde ahí a las centrales de las operadoras y a la central telefónica. A su vez, las operadoras se conectan entre sí y llegan a los centros neutros, donde se enlazan con las grandes redes denominadas Tier 1. En la península, las principales conexiones con la red global están en Conil (Cádiz) y Estepona (Málaga), por donde pasan dos de los mayores cables intercontinentales. Otras conexiones importantes son las que pasan por Pirineos y la conexión con Lisboa” (Almodóvar y Ramírez, 2013).

En la medida en que el número de usuarias de Internet crece, también debe crecer la infraestructura (Bellver, 2013): se deben multiplicar los trazados de cable para comunicar a cada vez más información cada vez más rápido, los centros de datos deben aumentar su capacidad para distribuir y almacenar datos; y su construcción y mantenimiento requieren de materiales y energía procedentes de fuentes finitas.

Uno de las características de funcionamiento que mejor ejemplifican la base material de Internet es el cableado por el que se distribuye y fluye la información. El 99% de las comunicaciones (internet y llamadas internacionales) entre continentes sucede en forma de pulsos de luz bajo el océano a través de unos aproximadamente 900.000 km de cables submarinos, conectando así los 5 continentes (Hurst, 2012).

En esta versión interactiva de Telegeography puedes ver este cableado

Estos cables fueron primero telegráficos y luego fueron renovando sus materiales y usos, de manera que en la actualidad suelen ser de fibra óptica y por ellos viaja la información de la red de redes.

Según el reportaje audiovisual, “Viaje al fondo de Internet: 900.000 km de cable submarino1”, el primer cable telegráfico se tendió el 29 de agosto de 1850 y estaba compuesto de cobre. El trazado unía las localidades de Dover (Inglaterra) y Calais (Francia). Esta primera experiencia fue marcada por algunos percances. De hecho, la ausencia de blindaje en el cable hacía que la señal rebotase, sufriera retardos y por tanto, que la señal fuera prácticamente irreconocible. Un tiempo después, la instalación dejó de funcionar a cause de un pesquero francés que, faenando cerca de la costa de Calais, acabó partiendo el cable al engancharse este con sus redes (de pescar, claro).

Para realizar el segundo tendido, Wemer Von Siemenes desarrolló un recubrimiento para los cables que resultó eficaz para evitar los percances de la experiencia anterior: la gutapercha. Este primer éxito propició que el telégrafo se expandiese en Europa y África, enlazando ambos continentes y llevando este sistema de comunicación a distintas islas. La gutapercha resultó decisivo para el correcto aislamiento del cobre, sin embargo, este material parecido a la goma resultó gustar a la fauna marina, de manera que la instalación volvió a presentar roturas, esta vez por mordiscos. Estos incidentes fueron producto de la innovación, y aún a día de hoy, siguen produciéndose roturas. Según datos de la ICPC, el Comité Internacional para la Protección de los Cables, cada año se producen entre 100 y 150 cortes de cables submarinos, con consecuencias para la comunicación de distintas regiones.

Según este organismo, el 75% de esas roturas se produce cerca de la orilla por actividad pesquera y el resto en aguas profundas por terremotos, corrimientos de tierras o a causa de la fauna marina. Entre 1877 y 1955, se documentaron 16 cortes de cables telegráficos causados por las ballenas que se enredaban en ellos o debido a que los peces se comían el recubrimiento de gutapercha. En 1989, los cables de fibra óptica que pasan por las islas Canarias fallaron hasta en cuatro ocasiones como consecuencia de las mordeduras de los tiburones, que se sienten atraídos por los campos magnéticos.

1 Guionizado por Antonio Martínez Ron y realizado por Javier Álvarez. Disponible en: http://youtu.be/vSLp-0ZEZlAEl
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